El 28 de enero de 2019 cumplimos cinco años. Aprovechando que pasamos a la adolescencia, queremos contarte toda nuestra historia: desde el complicado parto hasta la bonita infancia.

La primera parte de esta historia está aquí.
La segunda parte la tienes aquí.

 

La tercera etapa de nuestra historia la marca un gran paso: cuando dejamos de ser dos socios y pasamos a ser un equipo.

De tanto picar piedra, empezamos a encontrar clientes estables y oportunidades de crecimiento que, poco a poco, íbamos consiguiendo. A esto hay que añadirle algo que fue crítico: rediseñamos nuestra web (aquí la historia de nuestros rediseños).

En pocas semanas nos juntamos cinco personas. Esto provocó un montón de cambios, de los que destaco tres elementos que lo resumen.

1. Qué complicado es contratar.

Mando un abrazo y un beso muy grandes a todos los responsables de Recursos Humanos y demás perfiles que tienen la responsabilidad diaria de acertar en sus procesos de selección. Me quito el sombrero ante esa gente que convive todos los días con una responsabilidad tan grande.

Creo que este punto es el más duro de mi trabajo actual, sobre todo porque es el más importante. Para una empresa como la nuestra, equivocarse en la selección del equipo es un mazazo grande.

En esos primeros procesos ya aprendimos que hay un 70% de lo que buscamos en una persona que puedes comprobar, pero el otro 30% solo lo podrás valorar cuando empiece a trabajar contigo.

Y eso es una putada, porque precisamente lo que no puedes percibir con antelación es lo más importante: capacidad de sacrificio, buena organización, hambre por superarse… No hay test para esto.

 

2. Empezamos a decir NO.

Sabes que una empresa empieza a crecer y goza de buena salud cuando empieza a rechazar clientes. Debo confesar que esto lo gozo: nos hemos ganado el derecho a decidir con quién queremos trabajar.

Ojo, no es un acto de soberbia, sino de salud empresarial. Hay clientes que no encajan con nosotros, proyectos que no nos gustan o que simplemente no están una situación donde podamos aportar valor de verdad. Lo incoherente sería decir que sí.

Un par de ejemplos de proyectos que rechazamos:

1. Los que tienen fecha de caducidad. Porque su producto es muy malo, porque se meten en un mercado muy competido con poco presupuesto, porque no apuestan de verdad por el canal digital.

2. Con los que no hay feeling. Gente que te contrata como ejecutor, que no escucha tu opinión, que regatea precios, que no da señales durante semanas…

3. La importancia de la cultura de empresa.

Mi primer cliente es mi equipo. Si ellos no están contentos, los demás no lo van a estar. Desde el principio tuvimos claro que queríamos una empresa donde se trabajara a gusto.

Muchas decisiones las hemos tomado teniendo en cuenta este punto, que para nosotros es muy importante. Necesitamos a gente motivada, contenta y con hambre.

Con esto no quiero decir que seamos Google, pero creo que al menos hemos conseguido que tanto los que hoy formamos Marketing Paradise como los que ya no están tengan buenos recuerdos de trabajar con nosotros.

Desde que empezamos a ser un equipo tuve que dedicar tiempo a objetivos que antes no tenía: organizar tareas, delegar responsabilidades, evaluar rendimientos… Nueva etapa, nuevos retos.

Sobre la cultura de empresa, hay tres líneas rojas que intento mantener siempre:

1. Escuchar a la gente. Cada cierto tiempo estoy pasando una encuesta con preguntas de todo tipo, con las que puedo valorar si hay problemas que afecten al equipo en general: desde si funcionan las herramientas con las que trabajamos hasta si están contentos conmigo y con Javi, directamente.

Pero más allá de esto, intento lograr otro objetivo más importante: conseguir que cualquier miembro de Marketing Paradise tenga la confianza suficiente como para hablar conmigo de cualquier tema: desde que falta leche hasta que quiere ganar más dinero.Me parece básico que un responsable de un equipo dedique tiempo y atención a escuchar a los demás.

2. Sinceridad. Relacionado con lo anterior, me esfuerzo en ser lo más transparente posible a la hora de hablar con los compañeros. Y si puede ser, con pocos rodeos, para bien y para mal. Con la diferencia de que las felicitaciones procuro darlas en público, y las broncas en privado.

3. Las malas noticias no afectan al equipo. Me he encontrado con muchísima gente que se quedó sin trabajo porque su agencia perdió un cliente. No quiero que eso pase en la nuestra nunca.

Por eso, desde el principio siempre echamos números para que si mañana nos dejan dos, tres o cuatro clientes, podamos sobrevivir al bajón sin que nadie tenga que abandonar el barco.

Esto implica ir con mucho cuidado en los sueldos y en las contrataciones, pero vamos más seguros, y creemos que así tenemos más respeto a la gente con la que trabajamos.

 

Por fin, desde esta etapa pudimos tener un sueldo decente, que empezara a compensar los años que llevábamos por debajo de esto.

¿Cuál es el futro de Marketing Paradise? ¿Qué visión tenemos a medio plazo? ¿Cuáles son los nuevos retos?

Te lo cuento todo en el último artículo de esta serie.

¿A que mola? Pues comparte, guapis.