El 28 de enero de 2019 cumplimos cinco años. Aprovechando que pasamos a la adolescencia, queremos contarte toda nuestra historia: desde el complicado parto hasta la bonita infancia.

La primera parte de esta historia está aquí

Después de “La gran bofetada”, tocó meterse muy en el barro, para empezar a facturar como fuera. Y el barro nos cubría al menos hasta la cadera: no teníamos ni idea de empresa, ni de papeleos, ni de vender.

Lo único que sabíamos era prestar el servicio como tal. Desde el 2006 posicionando cosas en Google y unos cuantos años de experiencia como Copy, gestionando campañas de Adwords y moviéndonos en redes sociales. Pero no bastaba, ni de lejos.

El error más importante de esta segunda etapa de Marketing Paradise, la más dura de todas sin ninguna duda, fue el no tener claro quién estaba delante a la hora de vender. 

Íbamos a reuniones con gente que no tenía ni idea de marketing online, y yo me ponía a contarles historias de indexación, de contenidos, de metadatos… Una charla técnica no solicitada que ellos aguantaban como podían, y que terminaba en un “me lo pienso y os llamo” que casi nunca ocurría.

Ahora, con muchas decenas de propuestas y reuniones en la espalda, miro atrás y me sale una media sonrisa: “Pobre idiota”.

“¡Claro que lo hacemos!”

Como te decía, esta etapa fue la más dura. A todo decíamos que sí: reuniones, proyectos y peticiones de todo tipo.

Lo mismo hacíamos una web que nunca nos pagaban, como que nos plantábamos en un trastero sin ventanas donde tres personas vendían móviles por internet a un precio sospechosamente bajo.

Un día llamaba alguien pidiendo la misma web que Apple, y al siguiente otro que nos encargáramos del SEO de la web y de arreglarle la impresora.

Además, estaba el problema extra de la potencial desconfianza que es lo de apostar por una empresa tan pequeña.

Vivimos el máster más intenso y rentable de la historia

Por eso, nos tocaba evitar a toda costa que las reuniones fueran en nuestra oficina, y estábamos siempre de visita, rezando para que no que salieran preguntas como “¿Cuántos sois? ¿Hacemos la próxima reunión en vuestra oficina?”.

El postureo obligado de esta fase desgastaba bastante.

La conclusión de esta etapa tan dura la tenemos muy clara: sin ella no estaríamos donde estamos.

Fueron 22 meses de sacrificio, de golpes, de desesperación… y en su momento más complicado, hasta de dudas. Recuerdo algún día donde me pregunté si no tocaba dejar todo esto y abandonar.

También fue el máster más intensivo, práctico y rentable de la historia. Aprendí a vender, a comunicar, a diseñar estrategias, a trabajar con mi socio.

En cualquier caso, esta etapa terminó como la anterior: ambos cobramos, de nuevo, muy poco, menos de lo que ganábamos antes.

Sin embargo, el camino más duro había pasado, y los retos iban a cambiar.

Tienes la tercera parte de la historia aquí.

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