¿Existen los todólogos? No, definitivamente no. Y, a no ser que seas el típico genio renacentista y sepas tanto de poesía como de matemáticas o pintura al óleo, necesitarás unas claves para saber cómo escribir un post en un blog sobre un tema que no controlas. Pues hala, aquí tienes trucos, desvaríos y consejos estúpidos. La cosa promete.

Reconocer el propio desconocimiento ¡es un paso!

 

Si te las das de sabiondo y te pones a escribir sin tener ni idea de lo que hablas, la vas a liar un pelín parda. Acepta (incluso frente al cliente) que jamás habías tenido que escribir sobre el proceso de cultivo del anacardo en Brasil e India (yo misma he tenido que buscar en Google dónde demonios se cultiva).

¡No pacha nada! No eres peor profesional porque no lo sepas. El 99,9999% de la población mundial tampoco tiene conocimientos sobre el tema y vive feliz. Reconocer que no sabes algo te llevará al segundo punto, uno de los más importantes para escribir un post que tenga sentido. 

Lo primero que debes hacer para escribir un post estupendo sobre un tema que no controlas es reconocerlo. Lo segundo es ponerle remedio. #copywriting Clic para tuitear

Hazte un Sherlock Holmes e investiga a fondo

 

Después del “solo sé que no sé nada”, toca investigar. Para ello tienes el arma más poderosa del mundo a tu completa disposición: Google. Úsala. Fijo (te lo digo yo, que antes hice la búsqueda) que hay información sobre la producción de anacardos en Brasil.

No importa lo enrevesado, complejo o raruno que sea un tema, seguro que hay gente experta que ya ha escrito sobre ello en internet. Infórmate todo lo que puedas y siente cómo vas escalando en tu curva de aprendizaje.

Ahora que más o menos controlas el asunto, ve un poco más allá. Analiza qué falta en el resto del post. No es necesario ser una eminencia del sector para ver que, quizá, lo que se echa en falta en otros artículos es una información más completa.

Aplica el sentido común con el target y la marca

 

Ya conoces cómo se planta y recolecta el anacardo en Brasil. Ya sabes la cantidad de agua que necesita la plantita y cuál es el mejor clima para su crecimiento. Genial. Ahora… ¿qué? Pues pensar en esas personas a las que les vas a explicar todo lo que has aprendido… hablando como si fueses la marca.

¿Difícil? Sí, pero no tanto, no te pongas en plan drama queen. Solo tienes que entender el tipo de público que te va a leer para adaptar tu lenguaje a su nivel de conocimientos y luego ponerte a redactar el post con la personalidad de una empresa que acabas de conocer sobre un tema del que no sabías absolutamente nada hasta hoy mientras intentas crear frases mejores y más cortas que esta. Solo eso… Vale, un poquito de pánico sí que puedes sentir.

Posiciónate entre ignorante total y listillo

 

Para rematar el ataque de ansiedad, solo decirte que todo el contenido se puede ir al traste por utilizar una expresión en la que evidencies que no tienes ni idea. O, peor aún, por otra en la que intentes hacerte el gurú o dártelas de ser más experto de lo que eres.

Para hacer un buen post, ten mucho cuidado con el estilo que utilizas, que no sea el de un novato en el sector ni el de una auténtica referencia. Porque no lo eres. Y una persona que sí lo sea lo notará.

Si lo dice Fulanito, expertísimo en el tema…

 

Escribe con la personalidad de la marca y adaptando el texto a los conocimientos del público objetivo.

Hablando de expertos, mete un par de citas (bien hechas) de grandes entendidos del sector y verás cómo el post sube de categoría. Este pequeño detalle dará mayor seguridad al usuario y le hará pensar que controlas el tema. Pero intenta hilar fino. Si escribes en un post 329 citas quedará como si tú (o la marca para la que escribas) no tuvieras nada nuevo que contar.

Escribe bien y bonito, que eso siempre funciona

 

Aún teniendo en cuenta la firma, el target y todas las fuentes de las que te has empapado, para redactar un post chulo de verdad de la buena hay que escribir… bien. Me explico: utiliza metáforas, símiles, simplificaciones, asociaciones creativas…

En una palabra: sorprende. En el mejor sentido, claro está. No te estoy diciendo que se te vaya completamente la olla y hables de algo que no tenga nada que ver. No es eso. Me refiero a que, dentro de la temática, seguro que puedes ser original.

Y no te digo nada de evitar errores ortográficos o de sintaxis porque doy por hecho que eso lo controlas al 1.000%, ¿VERRRRDAAADD? Bueno, y si en alguna palabreja tienes duda, ¡tampoco pasa nada! Te vas a la RAE, la Fundeu o WordReference y seguro que te la solucionan.

Cúbrete las espaldas con un experto de verdad

 

Si puedes, echa mano de alguien que sea súper experto en la materia para que revise tu texto antes de publicar el post en el blog. En caso de que escribas para un cliente, él mismo seguro que estará encantado de hacerte de filtro. Al fin y al cabo, vas a hablar en su nombre.

Por cierto, pierde el miedo a enviarle los textos, de veras. No tienes un máster en frutos secos, es lo que hay, y cuando te contrató seguro que era consciente de ello. Si tienes algún pequeño error sobre el bichito que está afectando este 2019 a la Anacardium occidentale, no pasará absolutamente nada porque te lo corrija.

Si vas a tener que escribir varias veces sobre el mismo tema, te aconsejo que hagas una lista en Feedly con los blogs o publicaciones más relevantes del sector. Así estarás siempre a la última, podrás enriquecer mucho más el texto y tu cliente estará la mar de contento.

Hala, ya tienes todas las claves para saber cómo escribir un post épico sobre un tema que, a priori, te parecía muy, muy lejano. ¡Al lío! Pero, antes de empezar, deja un comentario diciendo… bueno, pues lo que quieras: un soneto sobre los anacardos, una oda a la sintaxis, una crítica hacia mi persona, un “¡EH, TÚ! Yo soy todólogo, ¿qué pasa?” o un artículo sobre los genios renacentistas. Puedo prometer y prometo (no utilices esto en tu texto, que está trilladísimo…) que contestaré personalmente. Y con gracia (espero).

¿A que mola? Pues comparte, guapis.