En pleno siglo XXI, ¿nunca has comprado absolutamente nada por internet? Si es así, no pasa nada, te explicaremos qué es el e-commerce paso a paso como si acabaras de salir de una máquina del tiempo de los años 90. Pero si has hecho alguna transacción económica online, ya tienes, al menos, nociones básicas que ampliaremos en los próximos párrafos. Así que, en cualquier caso, ¡sigue leyendo!

Definición de e-commerce

Para ajustarnos al significado exacto de este término, diremos que se trata de procesos de compra y venta de productos a través de internet. Sin embargo, esta definición quizá se quede corto para explicar la gran cantidad de procesos y variantes que engloba.

Generalmente, cuando nos referimos a este término se suele pensar en una tienda online. Sin embargo, existen otras muchas plataformas a través de las cuales se pueden llevar a cabo servicios de e-commerce. A través de páginas webs tradicionales, blogs, landing page y fanpage de Facebook se puede comprar artículos y servicios sin ningún problema.

Tipos de comercio electrónico

En función de la forma en la que se generen los ingresos y del proceso de venta, podemos entender que hay diferentes tipos de e-commerce. Algunas de las más habituales son:

  • Tienda online: seguro que alguna vez has visto una. Es la versión online de una tienda física. La marca tiene un catálogo más o menos limitado en el que puedes escoger el producto que más te guste. Para luego comprarlo a través del método de pago que elijas. Posteriormente, la empresa te envía el producto a través de una empresa de transporte.
  • Dropshipping: de cara al usuario, esta es una tienda online como cualquier otra, pero la diferencia estriba en quién envía el producto. Aunque el usuario compre en la tienda X, es la empresa del producto comprado la que se encarga del envío. De esta manera, la tienda online es un mero intermediario que se lleva una comisión por venta.
  • Afiliación: en este caso el vendedor del producto no tiene una tienda online propiamente dicha, sino un catálogo que lleva al comprador a una web de venta externa, como puede ser Amazon. Allí se lleva a cabo la transacción y, por tanto, esta plataforma se lleva una comisión. Es una buena opción si no quieres tener una tienda online propia.
  • Marketplace: este proceso se parece mucho al anterior, solo que en este caso el vendedor ni siquiera tiene una web propia que lleve al marketplace (o, por lo menos, no necesariamente). Una marca puede vender sus productos directamente a través de estas plataformas confiando en que la búsqueda de sus productos a través de ellas les depare ventas.
  • Membresía: se trata de una especie de suscripción para recibir, cada cierto tiempo, un producto o servicio. Un buen ejemplo son las cajas sorpresa de cosmética o maquillaje que se envían una vez al mes. De esta manera, la empresa se asegura un cobro recurrente cada mes sin necesidad de que el usuario esté volviendo a la web una y otra vez.
  • Servicios: las características del comercio electrónico no solo se aplican a la venta de productos, también pueden venderse servicios, formación, consultorías… Es decir, cualquier tipo de intercambio de tiempo por dinero.

Ventajas del comercio electrónico

En función de la forma en la que se generen los ingresos y del proceso de venta, podemos entender que hay diferentes fórmulas. Algunas de las más habituales son:

  • Ventas 24h:

¿Qué tienda física está abierta 24 horas 7 días a la semana todo el año? Pues muy pocas. Y ninguna de ellas permiten que el cliente compre en pijama desde el sofá. Con una tienda online puedes vender en cualquier momento, ya estés trabajando delante del ordenador o tomando unas cañas con unos amigos.

  • Más clientes:

Una tienda física está anclada al lugar geográfico donde se ubica. Por lo que no puede llegar a aquellas personas que no pasen frente a su escaparate. Ahora ya sabes qué es el comercio electrónico. Te habrás dado cuenta de que, con una buena estrategia de marketing online, se le puede dar una difusión mayor. ¿Por qué no vender a otras provincias o comunidades autónomas? ¿Por qué no a otros países?

  • Menor coste:

El ahorro de costes respecto a un comercio tradicional es más que evidente. Un establecimiento necesita el pago del alquiler, la luz, el agua, el gas, la licencia de apertura… En fin, cientos de costes que te ahorras en internet.

  • Escalabilidad:

En primer lugar, en una web puedes atender a muchos clientes más a la vez que en un local comercial (aunque todo depende de tu servidor). Conforme vayas aumentando el número de usuarios, no tienes que aumentar el coste de pagar un establecimiento más grande. Por otro lado, lo mismo ocurre con los productos, ya que podrás ir ampliando catálogo conforme vayan aumentando las ventas.

Ahora que conoces qué es un e-commerce, las diferentes modalidades que existen y sus ventajas, ¿quieres aplicar todo esto en tu proyecto? Perfecto, solo danos un silbidito y el equipo de Marketing Paradise se pondrá a tu disposición. Y si lo que quieres es conocer a fondo más términos marketeros, ¡suscríbete a nuestra newsletter!