Perder tu trabajo por un puñado de tuits

Perder tu trabajo por un puñado de tuits

‘Pero ahí queda todo. Despedido el segundo día tras dejar una casa y un trabajo en Madrid’. Así sentenciaba en su Twitter Daniel Cana Moya, un ingeniero especialista en tiendas online, después de perder su empleo dos días después de conseguirlo.

El de Daniel es un nuevo ejemplo de cómo un tuit te puede salir demasiado caro, y de cómo las empresas vigilan y centralizan toda la información que sus empleados, nuevos y viejos, publican en redes sociales.

Daniel consiguió un puesto como Project manager online dentro del Fútbol Club Barcelona. Para ello, abandonó su actual empleo y su vivienda en Madrid y se mudó a la ciudad catalana, con todo lo que una decisión así implica. Tras un primer día de presentaciones y ‘mucha ilusión’, el segundo día Daniel era despedido.

¿El motivo? El club azulgrana tiene una empresa externa responsable de gestionar todo lo que se dice de la entidad en los medios sociales; esto incluye, por supuesto, comentarios de todos los empleados.

Esta empresa envío un informe al director general del barça explicando que Daniel había publicado varios tuits criticando la gestión del anterior presidente, Sandro Rosell. En ninguno de ellos se insultaba o faltaba al respeto; eran críticas de un aficionado a un equipo de fútbol.

El resultado de esto fue el despido inmediato de Daniel dos días después de haber sido contratado. Todos los tuits que le enseñaron en Recursos Humanos –varios folios impresos- eran con una fecha mínima de dos meses anteriores, y por supuesto antes de ser contratado. Aún así, se le comunicó que ‘no había superado el periodo de prueba’.

Este es un ejemplo más a tener en cuenta: tu Twitter, Facebook o Instagram son decisivos en el mundo laboral. Tener en cuenta esto en tu día a día puede llegar a ser importante. Incluso criticar a un equipo de fútbol puede salirte muy caro. Tanto como para arriesgar tu casa o tu actual empleo… y perderlos. El mismo protagonista reconoce que entiende su despido.

Por cierto, Daniel es fiel seguidor del Barcelona, socio del equipo y lleva años esperando para conseguir un abono.

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